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Diana Dot


Diana Dot |
por Claudia Rodríguez



En una década en la que las referencias circulan a la velocidad de un scroll, pocas creadoras logran construir un universo tan genuinamente propio como Diana Dot. Su obra multidisciplinar, que mezcla archivo doméstico, intuición punk y una mirada profundamente emocional, se sitúa en el cruce entre lo que fuimos y lo que aún intentamos ser.

Hablamos con Diana de su evolución como artista, su proyecto Marcablanca y su libro Archivo Diógenes.





Claudia: Patronaje, estilismo, fotografía, dirección creativa… Como artista multidisciplinar, ¿con cuál de estos medios te sientes más cómoda a día de hoy y cómo ha sido tu proceso hasta llegar ahí?

Diana: La fotografía es mi razón de ser, hago fotos y vídeos desde que tengo memoria. Es mi herramienta favorita, supongo que porque a través de ella puedes encapsular el tiempo y pensar en la existencia. La primera vez que entendí realmente lo que era la fotografía me voló la cabeza: no sabía cómo era posible que a través de unos químicos y oscuridad pudieras capturar una realidad que segundos después ya no existía.




Patronaje fue lo primero en lo que me especialicé y lo que menos me gusta por la técnica que requiere. La verdad, prefiero herramientas más intuitivas, como el modelaje textil en maniquí o la costura… El collage, como método para todo, es mi cosa. Trabajar con texturas mezclando diferentes materiales y pintar me apasiona. Siempre me pongo como objetivo no pensar en el resultado final, sino experimentar en el proceso.

La dirección creativa y el proceso de ideación desde cero es lo que más disfruto, ya que puedo mezclar todas las disciplinas anteriores para desarrollar lo que se me ocurra. Me cuesta dejar de lado mi “firma” como tal cuando me expreso, por eso cuando me hacen encargos sin mucha libertad o demasiado corporativos, nunca sale bien.


C: ¿Qué papel juega la intuición frente a la planificación en tu proceso como fotógrafa?

D: En fotografía soy intuición al 200%. Nunca pienso antes qué tipo de planos busco, ni qué poses. Me dedico más a pensar en cómo va a respirar la obra final, sobre todo en su color. Hago lo que me da la gana con la luz sin seguir ninguna norma técnica. Cuando está todo montado, decido en un instante hacia dónde disparo. Cuando tengo los brutos, selecciono las fotos que me mueven más y como mucho las recorto. Rara vez retoco el color, a no ser que la obra lo requiera por algo en concreto. Me gusta que sea lo más crudo posible.


C: Totalmente. Hay un punto de “belleza incorrecta” en todo lo que haces, un afán por no pulir tu estética. 

D: Creo que viene de hace tiempo. Siempre miraba los álbumes de fotos de mis abuelas como si fueran la Biblia. Descubrí las cámaras Polaroid y lomográficas en Tumblr y We Heart It, donde colgaba desde Blogspot los shootings que hacía. Una de mis fotos se hizo viral en Tumblr y estaba por todos lados. Esa fue la primera señal para seguir. En cuanto crecí un poco decidí experimentar más con lo analógico, y también volver al píxel y a las fotos Tuenti. Sobre todo me gusta tratar la foto sin un editor digital, y gracias a esta norma autoimpuesta han salido cosas chulas.

Por ejemplo, una de mis técnicas favoritas es imprimir dos fotos distintas por ambas caras de un papel, y ponerlo a contraluz. Cuando la luz traspasa el papel tienes una mezcla de las dos, que puedes volver a fotografiar y conseguir así un híbrido mágico. Me gusta crear mis propias técnicas a mano para conseguir nuevas texturas imperfectas, olvidándome absolutamente del Photoshop.




C: ¿Hay algún material o técnica que tengas pendiente explorar y te dé vértigo?

D: Sí, el cine documental. Poder contar cosas verídicas con videoarte es algo que quiero y sé que voy a hacer.

Primero, explorando mi propia verdad visceral en forma de largometraje experimental. Dicho así suena muy cool, pero ya comencé a formar una pieza visual y no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. La ilusión por este proyecto viene y va, pero ha perdurado 4 años desde que empecé a escribirlo y darle forma. A lo mejor nunca ve la luz pero ahí estamos, ja ja ja.

Dicho esto, igualmente me atrevería a llevar a cabo proyectos documentales que cuenten verdades fuera de mí misma, y con un propósito que no sea solo estético o expresivo, sino que denuncien realidades sociales que considero injustas, o que exploren la biografía de gente que admiro de alguna manera, con una intención más periodística.

Aparte del mundo del cine, quiero probar a trabajar con lienzos a gran escala mezclando muchas técnicas plásticas. Sería un sueño poder exponer mi obra así, a lo grande, pero lo veo complicado, ya que se necesita un espacio enorme para producir arte así y para guardarlo.


C: Todo tu trabajo sigue un hilo conductor estético muy potente pero con referencias tan dispares como Julien Donkey-Boy o el Apiretal rosa. ¿Cuál es el hilo invisible que une esas influencias y cómo conforman tu estilo?

D: Simplemente creo que recopilo en mi cabeza todas las cosas que me han movido por dentro, se quedan ahí y a la hora de expresarme simplemente salen todas a la vez generando así un cóctel original. Pero no es de manera consciente, creo.

Ser fiel a tus referentes y estéticas al fin y al cabo le da coherencia a tu obra, aunque estos puedan ser a veces demasiado contradictorios. Por ejemplo, me gustan el shabby chic y el grunge por igual; escuchar a Killswitch Engage y Parrita, soko o dembow dominicano… Tengo pelis de referencia como Barbie As Rapunzel, ¿Quién puede matar a un niño? y Ken Park; el cine de Aronofsky y los cortos de Silly Symphony. Igual que te pueden gustar platos de comida completamente diferentes, tus referencias pueden ser dispares. Creo que si tienes un mundo interior grande puedes estar lleno de contrastes que encajan a la perfección.


C: Si tuvieras que describir tu infancia en una paleta de colores, texturas, sonidos, objetos o momentos… ¿Cómo sería?

D: Siempre recurro a esa etapa de mi vida como inspiración o punto de referencia creativa. Nací en 1997 y podría decir que mi infancia es color morado-lila, rosa y menta, con olor a cafetería madrileña antigua y churros con Colacao, ositos Chiquilín, al Miss Dior de mi abuela y a sus esmaltes de uñas, mezclado con el aroma a vainilla de mi madre… Estopa, Rocío Durcal, Cyberclub, mucho Paidoterín, La Sirenita, los bazares chinos de los 20 duros, ir al cine de verano y al chiringuito de La Manga del Mar Menor comiendo almendras saladas, caldero, o aprendiendo a ser consumista en la Disney Store y el Sanrio del Parquesur con mi madre. Recuerdo mi infancia entre algodones... Luego la cosa se complicó y creo que recurro a esa etapa porque realmente fui muy feliz, vivía en mi burbuja de fantasía.

Ahora estoy buscando dejar tranquilo mi pasado y centrarme en el presente más que nunca, creando una marca nueva donde explorar mi entorno. Se va a llamar HECHIZA (@tiendahechiza) (la palabra “hechiza” la escuché en México, y allí significa algo así como falseado, imitado, hecho a mano, postizo... También se refiere al verbo “hechizar”, cautivar y seducir). La premisa base será hacer completamente lo opuesto a Marcablanca (@marcablanca  ), pero manteniendo mi esencia, ya que a veces es muy doloroso estar completamente anclada en el pasado.




C: ¿Cómo y dónde nace Marcablanca?

D: Marcablanca nace en Madrid en 2020 tras 3 meses de Covid encerrada en mi cuarto fumando hierba y lamentándome porque mi madre había hecho una limpieza profunda y había tirado más de la mitad de mis cosas de la infancia. En ese momento quise empezar un catálogo digital de los objetos perdidos y me puse a buscarlos en Internet. A medida que los iba ubicando, los fotografiaba para más tarde sublimarlos en prendas básicas, empezando así una especie de marca de merchandising nostálgico.

Cada uno de estos objetos de mi infancia contiene una marca registrada, y es desde esa oposición que nace el nombre Marcablanca. Sin tomármelo en serio sigue viva a día de hoy, y de momento estoy vendiendo en Nueva York, Ciudad de México y Madrid. Pronto habrá algunas prendas en Berlín. 




C: ¿Cómo ves la escena creativa española después de haber vivido en Berlín, República Dominicana y México?

D: Si hablamos de moda, honestamente, a la escena creativa española le falta espontaneidad, color y fantasía, abrazar lo freak. Pero sobre todo le falta comunidad entre los artistas.

Sinceramente con la moda de Berlín no me identifico mucho, aunque sí creo que muchas tendencias salen de la escena berlinesa 100%. Producir mis prendas allí se me hizo muy complicado y caro, por lo que no pude experimentar mucho. Clara Colette Miramon es una marca de Berlín que me gusta mucho.

Por otro lado, con la forma de producción freestyle de Latinoamérica sí que he podido crecer haciendo lo que me da la gana. Ha sido muy inspirador para mí ver marcas como Tiempo de Zafra, en República Dominicana, con un discurso político brutal, para las cuales el reciclaje y aprovechamiento textil es la premisa de todo proyecto, enfocándose en confrontar los problemas medioambientales de contaminación que sufre la isla. También colaboré con Geraldine Rivera, una gran amiga y artista a la que admiro mucho. Por allí no abunda la escena kawaii y cute y fue de agradecer encontrarnos a través de las redes. 

En Ciudad de México he vuelto a creer más que nunca en mi movida DIY y en la espontaneidad del prueba-error, empapándome del caos a todo color de ese lugar. Me encanta que en sitios como La Lagunilla o El Chopo, mercadillos similares a El Rastro de Madrid, todos los chavales diseñadores más under de la ciudad vayan todos los domingos y pongan sus puestos mientras beben y disfrutan del día. Muchas de sus piezas también puedes encontrarlas en algunas concept stores de la ciudad. Allí estuve vendiendo piezas junto a Sixtus, y en tiendas como La Sirène Store (mi favorita), Rumor, o Delusion Fash.





Es algo que aquí, en Madrid por lo menos, parece imposible que suceda y no entiendo por qué. Yo sí que lo veo alcanzable, pero falta comunidad, y que el cliente quiera gastar en piezas de ropa sin comparar nuestros precios con los de Inditex. España es el país número uno en consumo de fast fashion, con lo cual, es difícil tener clientes que decidan elegirnos.

Necesitamos más eventos locos y aleatorios fuera de la Mercedes-Benz Fashion Week y de los dos showrooms de siempre, que sea todo más espontáneo, sin tener que esperar que los mismos de siempre llamen a la puerta para obtener la aprobación de todo el panorama. Por supuesto que aquí hay diseñadores y marcas increíbles como Outsiders Division, Pattern Chineso, Evade House, Coconutscankill, Karlo Modenes… En definitiva, hay mucho talento pero es difícil ser un poco outsider y salir a flote.


C: Tras la pop-up de Marcablanca en Venus in Tokyo en Nueva York, ¿ves tus diseños en una tienda física? Si es así, ¿en cuál?

D: Sí, la verdad. Llevaba siguiendo en Instagram a marcas y tiendas brutales en CDMX y fuí para allá sin plan alguno. Sobre todo estos dos últimos años ha habido un crecimiento enorme y no me lo quería perder. Estando allí, hice un pop-up en la tienda de Rumor y más adelante me surgió la oportunidad de presentar mi libro y marca en Nueva York. Gracias a estar allí, tomando nota, y ganando mucha experiencia como vendedora, me veo completamente capaz de crear mi propia tienda física, solo que me falta el dinero.




Recién ha nacido SIAMESSE STORE, una tienda online donde puedes encontrar una selección de piezas de segunda mano por drops: objetos de colección, anticuario, prints, piezas para renting… Funciona también como colectivo, con intención de reunir a todas las artistas y marcas españolas más under que amo y que tienen mucho en común. Creo que hay mucha gente cute, kawaii, freak en general que se siente huérfana o desolada en cuanto a que valoren su proyecto.




El pasado domingo 23 de noviembre hicimos el opening sale en Barro y fue increíble. De momento vamos a mantener la idea de hacer una venta física al mes, tanto en España como fuera, con la idea de ser un colectivo/tienda nómada hasta conseguir un point of sale fijo en el futuro.

Me encantaría poder abrir un local propio en mi barrio (Carabanchel) o por el centro, que se convierta de alguna forma en el punto de reunión de parte de la escena de Madrid: una tienda/galería donde poder hacer eventos, exposiciones, pop-ups o talleres…


C: ¿Cómo fue crear y sacar adelante tu fotolibro Archivo Diógenes?

D: Este proyecto se dio porque Alejandra Cabrera me propuso hacer un libro. Hace unos años hizo un artículo para Mixmag sobre la escena gabber en Madrid acompañado de algunas de mis fotos. Me encanta como escribe.

Me propuso primero sacarlo con una editorial donde ella trabajaba, pero finalmente por varios motivos decidí lanzarlo de forma independiente igualmente, aunque más punki que la idea inicial. El texto que resume el proyecto lo escribió ella, y siempre le agradeceré que me lo propusiera y que creyera que mis fotos debían estar en un libro. Podéis ver un sneak peek del libro aquí.





C: Da la sensación de que eres una persona que acumula. ¿Hay algún objeto que consideres especial en tu colección?

D: Sí, y esta es mi pregunta favorita. Tengo millones pero intentaré hacer un top 10… Mi maletín de pinturas de Los 101 Dálmatas, una bolsa y estuche de Ordning&Reda, unas figuritas de los 90 de Pingu, toda mi colección de etiquetas y de bolsas de regalo, el peine de La Sirenita, los My Little Pony que me quedan, un set de baño de Hello Kitty, mi colección de cámaras de juguete, la colonia y un esmalte de Dior de mi abuela… y muchos más. Me encantaría tener una casa definitiva para poder exponerlo todo como quiero.





Si algo define a Diana Dot es la coherencia dentro del caos: una estética que se sostiene sobre referencias que no deberían encajar, pero que lo hacen porque son suyas. Su fidelidad a su propia intuición se ha convertido en su sello, imperfecta pero verdadera.


Escrito por Claudia Rodríguez (@claaaurod)
Arte por Diana Dot (@dianadot_)
Asistencia de fotografía por Pia de Rivera (@piaderivera)